27th Sunday in Ordinary Time 2021 – English/Español


Sunday’s Readings: Genesis 2:18-24; Psalms 128:1-2, 3, 4-5, 6; Hebrews 2:9-11; Mark 10:2-16

THE BARRIERS THAT SEPARATE US
We live in a society that has many technological avenues for stimulation and entertainment, one in which the urban population exceeds the non-urban. It is curious that loneliness is a prevalent malady. It is easy to reach out and touch someone, we are told. But—in truth—it is not all that easy, and statistics from the mental health field will reinforce that opinion.
Today’s readings are about the ways in which we can authentically reach out: God touches Adam to create a mate and end his solitude; God-in-Jesus takes on human flesh and death in order that we might come to glory; Jesus reaches out to the children whom the disciples had tried to keep away, showing us the manner in which we must approach the loving embrace that awaits us in heaven. Until that day, however, we must remember that ours is a sacramental church, a church of signs of the love of God. And so we are called to reach out continually to ease the loneliness and the barriers that separate us from one another and, therefore, from the love of Christ.
Copyright © J. S. Paluch Co

LAS BARRERAS QUE NOS SEPARAN
Vivimos en una sociedad que tiene muchas posibilidades tecnológicas para la estimulación y el entretenimiento, en que la población urbana supera la no urbana. Es curioso que la soledad sea un mal prevalente. Es fácil de alcanzar y tocar a alguien, se nos dice. Pero, en verdad, no es tan fácil, y las estadísticas de salud mental refuerzan esa opinión. Las lecturas de hoy son las formas en las que auténticamente podemos acercarnos a otros: Dios toca a Adán para crearle una compañera y poner fin a su soledad, Dios en Jesús asume forma humana y la muerte con el fin de que podamos llegar a la gloria; Jesús se acerca a los niños que los discípulos habían tratado de alejar, mostrándonos así cómo aceptar el abrazo amoroso que nos espera en el cielo. Hasta ese día, sin embargo, debemos recordar que la nuestra es una Iglesia sacramental, una Iglesia de signos del amor de Dios. Y así estamos llamados a acercarnos a otros continuamente para aliviar la soledad y derribar las barreras que nos separan unos de otros y, por tanto, del amor de Cristo.
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