Dear Parishioners,
In today’s world, we see headlines every day about wealth, poverty, and inequality. We read about those struggling to make ends meet, the homeless in our cities, or families facing unexpected hardships. Often, we scroll past these stories, thinking someone else will help, or that it’s too big a problem for us to fix. Jesus challenges us today to look closer and respond differently.
In the Gospel of Luke (16:19-31), Jesus tells the story of the rich man and Lazarus. The rich man lived in comfort and luxury, enjoying fine meals and clothes, while Lazarus, poor and sick, sat at his gate, longing for even a crumb. The rich man’s fault was not his wealth—it was his indifference. He ignored someone in need who was right in front of him. Jesus reminds us that God measures us by our love and mercy, not by our possessions.
“Lazarus”, poor on earth, is comforted in heaven; the rich man, who ignored the needs around him, suffers. This story is a wake-up call: who are the “Lazarus” in our neighborhoods, our workplaces, or even our parish? Are we acting with compassion, or are we simply passing by?
Our choices matter. The rich man asked Abraham to send Lazarus to warn his brothers, but Abraham said: “They have Moses and the prophets; let them listen to them.” (Luke 16:29) God has already given us guidance through Scripture, Church teaching, and our conscience. We don’t need miraculous signs to act— every small act of love and mercy counts. Feeding the hungry, comforting the lonely, forgiving someone who has hurt us—these are ways to live the Gospel today.
This week, I invite you to reflect: Where is God calling you to act with compassion? Who is waiting at your gate for your care? Let us pray for the grace to see the needs around us, respond with mercy, and live our lives so that one day we hear God say: “Well done, good and faithful servant.”
With prayers and blessings,
Fr. Sudhakar Mannam
Queridos feligreses,
En el mundo de hoy, vemos titulares todos los días sobre riqueza, pobreza y desigualdad. Leemos sobre aquellos que luchan por llegar a fin de mes, las personas sin hogar en nuestras ciudades o las familias que enfrentan dificultades inesperadas. A menudo, pasamos por alto estas historias, pensando que alguienmás nos ayudará o que es un problema demasiado grande para que lo solucion emos. Jesús nos desafía hoy a mirar más de cerca y responder de manera diferente.
En el Evangelio de Lucas (16:19-31), Jesús cuenta la historia del hombre rico y Lázaro. El hombre rico vivía con comodidad y lujo, disfrutando de comidas y ropas finas, mientras que Lázaro, pobre y enfermo, se sentaba a su puerta, anhelando incluso una migaja. La culpa del hombre rico no era su riqueza, sino su indiferencia. Ignoró a alguien necesitado que estaba justo frente a él.
Jesús nos recuerda que Dios nos mide por nuestro amor y misericordia, no por nuestras posesiones. Lázaro, pobre en la tierra, es consolado en el cielo; el hombre rico, que ignoró las necesidades que lo rodeaban, sufre. Esta historia es una llamada de atención: ¿quiénes son los ¿”Lázaro” en nuestros vecindarios, nuestros lugares de trabajo o incluso nuestra parroquia? ¿Estamos actuando con compasión o simplemente estamos de paso?
Nuestras elecciones importan. El hombre rico le pidió a Abraham que enviara a Lázaro para advertir a sushermanos, pero Abraham dijo: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen“. (Lucas 16:29) Dios ya nos ha dado guía a través de las Escrituras, la enseñanza de la Iglesia y nuestra conciencia. No necesitamos señales milagrosas para actuar: cada pequeño acto de amor y misericordia cuenta. Alimentar a los hambrientos, consolar a los solitarios, perdonar a alguien que nos ha lastimado: estas son formas de vivir el Evangelio hoy.
Esta semana, te invito a reflexionar: ¿Dónde te está llamando Dios a actuar con compasión? ¿Quién está esperando en su puerta para su atención? Oremos por la gracia de ver las ecesidades que nos rodean, responder con misericordia y vivir nuestras vidas para que un día escuchemos a Dios decir: “Bien hecho, siervo bueno y fiel“.
Con oraciones y bendiciones,
el P. Sudhakar Mannam